La depresión infanto-juvenil no difiere de la adulta en sus síntomas nucleares, aunque presenta algunas peculiaridades que son importante conocer para no pasar por alto. Puede darse que el estado de ánimo además de triste se manifieste como irritado, llegando al enfado rápidamente, con rabietas y conductas autodestructivas.
Otra característica es la pérdida de placer o de interés en cosas que antes sí lo despertaban: no quieren jugar, no se divierten con sus amigos, no quiere hacer actividades que antes le gustaban…Otros síntomas que pueden aparecer son los cognitivos, como sentimientos de ineficacia (“no valgo para nada”), o problemas para mantener la concentración y la memoria, perjudicando su rendimiento académico. En cuanto a los síntomas físicos, se puede dar fatiga, quejas somáticas (dolor de tripa o de cabeza), un aumento de peso por debajo del esperado para la edad, pérdida del apetito… Y, en casos graves, aparecer pensamiento suicida.
Al ser características tan diversas, pueden quedar enmascarados, y en niños y adolescentes es más complicado que expresen de manera explícita cómo se sienten. Por eso tenemos que ir más allá de lo que vemos.
Andrea Alfranca González, Psicóloga general sanitaria