Para la estimación del sobrepeso y la obesidad en la infancia se pueden utilizar distintos indicadores. El más utilizado es el cálculo del Índice de Masa Corporal (IMC) que se calcula dividiendo el peso por la altura al cuadrado.
Como los niños/as siempre están en crecimiento, no hay una cifra establecida de IMC para ellos. Lo que utilizamos en la población infantil son unas tablas que relacionan el IMC con el sexo y la edad, y según dónde se sitúe el IMC dentro de estas tablas podemos saber si el niño/a tiene:
Es una enfermedad crónica que puede producir complicaciones a lo largo de toda la vida. La obesidad infantil puede acarrear problemas tanto a nivel físico, emocional como social:
Además, la obesidad en la infancia y adolescencia se asocia a un mayor riesgo de obesidad en la edad adulta. Se conoce que, entre un 42% y un 63% de los niños/ con obesidad en la edad escolar, presentarán obesidad en la edad adulta.
Se debe individualizar cada niño/a pues cada persona es diferente y no todas las estrategias son útiles para todos.
El objetivo principal no es la pérdida de peso aislada pues el beneficio es pobre a largo plazo. Las recomendaciones son enseñar y aplicar distintas medidas para que el paciente y su familia aprendan a llevar a cabo hábitos saludables útiles para toda su vida.
En la consulta valoraremos hábitos cotidianos como la forma de hacer la compra, el modo de cocinar o las costumbres en la mesa, entre otras. Obviamente, daremos pautas de alimentación incentivando el consumo de productos saludables e intentando hacerlos más más atractivos para los pequeños, ¡así será todo mucho más fácil! El sedentarismo lo dejaremos a un lado animándolos a que practiquen actividad física.
Un motivo de preocupación frecuente para los padres es observar que sus hijos no crecen a un ritmo adecuado o que presenten una talla inferior a la de los niños y/o niñas de su edad.
Consideramos hipocrecimiento en las siguientes situaciones y todas son objeto de estudio:
El crecimiento es un proceso complejo en el que interactúan e influyen multitud de factores, entre ellos destacamos:
A lo largo de la vida del niño/a pueden existir periodos, como puede ocurrir tras presentar una infección, en los que se observe un estancamiento en la talla o el peso. Posteriormente, se suele presentar una fase de “crecimiento recuperador” tras la cual el niño/a se sitúa de nuevo en sus percentiles de talla habituales. Por ello, una medida aislada de la talla tiene poca validez. Sin embargo, es motivo de estudio un estancamiento en la velocidad de crecimiento, una talla baja mantenida o una caída persistente en los percentiles de talla.
Como hemos mencionado, para optimizar el crecimiento de un individuo es primordial asegurar un adecuado estado nutricional. Además, la presencia de enfermedades crónicas o recidivantes puede ser también motivo de talla baja por lo que es fundamental que sean tratadas correctamente.
En algunas ocasiones, los niños/as se pueden beneficiar del tratamiento farmacológico con la hormona de crecimiento recombinante humana (rhGH). Consiste en administrar de forma exógena, mediante inyecciones diarias, hormona de crecimiento similar a la que produce nuestro cuerpo. Previamente es obligatorio realizar un estudio hormonal completo y descartar patologías de base. Dicho tratamiento debe ser pautado y supervisado por un Endocrinólogo Pediátrico.
La pubertad es el período de la vida de la persona en el que se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y se alcanza la capacidad de reproducción. Este es uno de los motivos más frecuentes en la consulta de endocrinología.
La edad fisiológica de inicio de la pubertad es a los nueve años en las niñas y a los diez años en los niños.
Si la pubertad comienza antes de esta edad diferenciamos:
Los signos clínicos que aparecen en la pubertad precoz son los mismos que los de la pubertad normal, pero acontecen antes de lo previsto.
En las niñas observaremos:
En los niños:
Existen dos grupos principales según el origen de la pubertad:
La vamos a sospechar en los niños y niñas que comiencen con signos clínicos puberales antes de lo habitual. En estos casos se deben realizar una serie de pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico. Entre ellas: estudio de la edad ósea mediante una radiografía de muñeca, analítica hormonal completa, ecografía abdomino-pélvica, a veces también se solicita una prueba de estímulo que se hace en el laboratorio (test LHRH) y/o resonancia magnética cerebral.
El tratamiento depende de la causa que la haya originado. Por ejemplo, si la causa es un tumor ovárico o testicular el tratamiento será quirúrgico.
En el caso de la pubertad precoz central el tratamiento es médico. Los fármacos más utilizados son los análogos de la GnRH que se administran mediante inyecciones intramusculares cada 28 días. Con este tratamiento se consigue suprimir la producción hormonal hipofisaria propia de la pubertad y por consiguiente no estimular a los ovarios ni a los testículos, de este modo no tendrán lugar los cambios físicos de la pubertad.