Una gastroenteritis aguda siempre preocupa a los padres y madres. ¿Sabes cómo tratarla? No te preocupes, te explicamos cómo actuar.

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Gastroenteritis aguda

En las últimas semanas hemos notado un incremento en las consultas por gastroenteritis, así que hemos preguntado a nuestra pediatra Sonia del Pozo qué consejos nos da en estos casos.

La gastroenteritis aguda (o diarrea) es una infección e inflamación del tracto gastrointestinal, por lo que este no funciona como es debido y se absorbe peor el agua y los alimentos que tomamos. Esto hace que aumenten el número de deposiciones y que éstas sean más líquidas que de costumbre, presentando lo que comúnmente denominamos diarrea.

Puede venir acompañado de otros síntomas como los vómitos, la fiebre o el dolor abdominal. Es un cuadro autolimitado (se resuelven solas sin necesidad de ningún tratamiento específico). Normalmente se resuelve en menos de una semana, aunque en algunos casos puede prolongarse hasta 14 días, por lo que hay que tener paciencia.

La gran mayoría de estos cuadros son producidos por virus, siendo el rotavirus el más frecuente (principalmente en niños pequeños que asisten a guardería) y su transmisión suele ser fecal-oral, es decir, a través de las heces de un paciente enfermo. Por este motivo es especialmente importante la higiene de manos sobre todo tras el cambio de pañal de nuestros hijos o después de acompañarles al baño. 

En otras ocasiones son las bacterias o los parásitos los responsables de este cuadro. En estos casos pueden aparecer otros síntomas aparte de la diarrea, tales como la aparición de sangre en las heces, dolor abdominal intenso o fiebre elevada. 

Normalmente no suele ser fácil distinguir quién es el responsable de la gastroenteritis, ya que normalmente se solapan los síntomas. A los pediatras tampoco nos interesa mucho quién es el culpable, ya que el tratamiento es el mismo en la mayoría de los casos.

Como hemos dicho antes, son cuadros que se curan solos, sin necesidad de un tratamiento específico. Lo más importante es asegurarnos de que estén bien hidratados y, en el caso de fiebre, dolor o malestar, administrar su antitérmico/analgésico correspondiente.

A la hora de hidratar a nuestro hijo cuando esté con gastroenteritis, la mejor opción es usar las soluciones de rehidratación oral que venden en farmacias, ya que tienen la cantidad necesaria de sales minerales que necesitan para reponer todo aquello que pierden por las heces y los vómitos. No son recomendables las bebidas isotónicas o de deportistas que venden en los supermercados ya que tienen poca cantidad de sodio y potasio y, por el contrario, mucha cantidad de azúcar, lo que podría empeorar la diarrea.

¿Cómo y cuándo se debe administrar este suero? Lo más importante es hacerlo poco a poco y sin prisas: 5-10 ml cada 10-15 min. En cuanto veamos que toleran esta cantidad sin vomitar, podremos incorporar algún alimento sólido o semisólido respetando siempre los gustos de nuestros hijos y sin forzarle (en estas situaciones hay que ser especialmente flexible con sus apetencias, ya que en ocasiones, si les forzamos a comer algo que no quieran, podremos inducirle a vomitar y de esta manera al progresión será mucho más lenta).

Una de las preguntas más frecuentes es si es necesario dejarles a dieta o hacer una dieta especial astringente (el típico arroz blanco con jamón o patata cocida). La respuesta es NO. De hecho se sabe que cuanto antes inicien su dieta habitual, antes se recupera la mucosa intestinal y menor será la duración del cuadro.

Pero entonces… ¿pueden comer de todo? Pues prácticamente sí, aunque siempre con sentido común y evitando alimentos excesivamente azucarados ya que éstos pueden producir lo que nosotros llamamos diarrea osmótica y empeorar la sintomatología.

¿Si es un cuadro infeccioso no se les da antibiótico? Por regla general NO. Primero porque la mayoría de las gastroenteritis se deben a virus y, en el caso de que sean de origen bacteriano, suelen solucionarse solas sin necesidad de antibióticos. Únicamente los pautamos en el caso de pacientes inmunodeficiencia o diarreas muy prolongadas.

En el caso de diarreas persistentes, es interesante el uso de determinados probióticos ( Lactobacillus rhamnosus GG y el Sacharomyces boulardii) ya que se ha visto que su uso en combinación con el suero de rehidratación oral, acorta la duración y la intensidad de los síntomas.

Lo más importante en estos casos es mantener bien hidratado a nuestros hijos y saber identificar cuándo está deshidratados. Hay que vigilar que tengan la boca húmeda, con saliva, que lloren con lágrima, que no tengan los ojos hundidos o con mucha ojera, que no estén excesivamente decaídos o irritables y que siga haciendo pis.

Aunque suelen ser cuadros leves y autolimitados, hay que saber cuándo está indicado acudir al pediatra. Si presenta alguno de estos síntomas, sería conveniente hacer una exploración y valoración médica: cualquier signo de deshidratación comentado antes, vómitos verdosos, dolor abdominal importante, deposiciones con sangre, si tiene menos de 1 año (ya que se deshidratan con mayor facilidad), fiebre alta prolongada, diarrea de más de una semana de duración o vómitos persistentes a pesar de administrar líquidos en pequeña cantidad y muy despacio.

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