Gastroenterología pediátrica

Gastroenterología

El reflujo gastroesofágico es el retorno del contenido del estómago hacia el esófago. Es muy frecuente que el bebé de pocos meses de edad expulse bocanadas sin esfuerzo (regurgitaciones).

Suele ser más intenso después de las tomas, cuando el estómago está lleno, y cuando el bebé está acostado. No debe afectar a la ganancia de peso.

Se debe consultar con el pediatra si el bebé está muy irritable, sobre todo cuando come o al acostarle, si rechaza las tomas o si no gana peso. En determinados momentos, sobre todo coincidiendo con infecciones, puede reaparecer o empeorar.

A partir de los seis meses de edad, al comer alimentos más sólidos y estar más tiempo sentado, el reflujo va disminuyendo hasta desaparecer. Además, estos niños suelen ser vomitadores fáciles el resto de su infancia. Pueden ser útiles algunas medidas, como mantenerle incorporado un rato después de comer y no acostarle inmediatamente después de las tomas.

La intolerancia o “Alergia a la Proteína de Leche de Vaca no IgE mediada” es frecuente en la edad pediátrica.
Es importante distinguir este cuadro de la intolerancia a la lactosa (el azúcar de la leche), por un déficit enzimático a nivel intestinal.

Los síntomas pueden ir desde cólicos o vómitos hasta formas más graves con palidez intensa y afectación del estado general, pasando por presencia de sangre en las heces o diarrea crónica.

El diagnóstico es clínico con la prueba de exclusión de PLV de la dieta y desaparición de los síntomas. Muchas veces, para poder establecer el diagnóstico definitivo, es preciso reintroducir la fórmula de leche de vaca para comprobar la reaparición de los síntomas (prueba de provocación).

En el niño preescolar y escolar el estreñimiento suele deberse a cambios de rutina (retirada del pañal), situaciones emocionales (cambio de domicilio, nacimiento de un hermano), pequeñas lesiones alrededor del ano que hacen que deje de ir al baño o, simplemente, porque está distraído con otros asuntos o no quiere hacer deposición en el inodoro del colegio.

Resulta prioritario tratar las lesiones que puedan aumentar el dolor (fisuras, inflamaciones, etc.). Además, hay que dar también un medicamento laxante que ablande las deposiciones y estimule las ganas de defecar del niño.

La falta de apetito en el niño pequeño es una fuente habitual de preocupación. El objetivo es mantener un adecuado estado nutricional y llevar a cabo una reeducación alimentaria; para lo cual es imprescindible involucrar a la familia.

Si el niño se enrabieta cuando llega la hora de la comida, intente no mostrar interés o una preocupación especial para evitar perpetuar el problema.

Si tiene un apetito selectivo, no caiga en el error de consentir que coma sólo lo que más le gusta. Dígale lo bien que lo hace cuando pruebe alimentos nuevos, no utilice los alimentos como premio o castigo, combine alimentos conocidos con otros desconocidos.

Ante un niño inapetente, que ingiere escasas cantidades, mantenga 4-5 comidas al día de raciones pequeñas y preséntelas de forma atractiva. Evitar picoteos entre horas. No le fuerce ni le obligue. Las comidas deben ser en familia y tenga en cuenta que actúan por imitación. El ambiente debe ser tranquilo y sin distracciones como la televisión, los juegos, canciones, etc.

Es importante que aprenda a permanecer sentado durante toda la comida familiar. Evite comentar los problemas de alimentación de su hijo cuando él esté presente.

La gastroenteritis aguda es muy frecuente en la infancia y se presenta en forma de diarrea, que puede acompañarse de otros síntomas como vómitos, fiebre o dolor abdominal en forma de retortijones.

Suele comenzar de manera brusca y se cura por sí sola en unos días. La mayoría de las veces está causada por una infección (que puede ser vírica, bacteriana o, más raramente, por un parásito intestinal). Otras causas son la ingesta de alimentos en mal estado o infecciones no digestivas (infecciones de orina, otitis, etc.).

El riesgo principal de las gastroenteritis es la deshidratación. Por eso lo fundamental es ofrecer que el niño beba muchos líquidos para reponer esas pérdidas.

Es recomendable que beban soluciones de rehidratación oral. Deben administrarse con frecuencia, pero sin forzar al niño a tomarlos.

Si ha vomitado es mejor ofrecer cantidades pequeñas hasta asegurarse de que lo tolera bien.

 Si el niño tiene hambre y no vomita puede hacer una dieta prácticamente normal evitando al principio bebidas y alimentos muy azucarados (refrescos, zumo de manzana, pastelería) o muy grasos.

Los lactantes amamantados deben continuar tomando pecho, y los que tomen biberón pueden seguir usando su fórmula habitual, ofreciendo entre las tomas suero de rehidratación.

Los antibióticos sólo son útiles en gastroenteritis de causa bacteriana. Los medicamentos antieméticos (contra los vómitos) sólo deben usarse bajo prescripción facultativa.

También se usan con cierta frecuencia probióticos, preparados que contienen microorganismos para ayudar a recuperar la flora intestinal, y que puede acortar ligeramente la duración de la diarrea.

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